Scott Cardiff, coordinador internacional para la campaña “Earthworks No Dirty Gold”, dice que su organización proveyó de criterios durante la fase de desarrollo de “Love, Earth”, pero afirma que Walmart no siguió adelante con los estándares más rigurosos. Más crítico aún, “Love, Earth” nunca ha permitido el monitoreo de terceras partes en sus sitios, un componente crucial para la mentada responsabilidad, sostiene. “Estas minas (de “Love, Earth”) no representan las mejores prácticas de precaución, lo cual es lo que la responsabilidad en minería debe ser,” concluye.

Además, dicen grupos comunitarios, es lo que los sitios de materia prima de Aurafin no adhieren a su propio criterio de aprobación comunitaria, o, en sus propias palabras “consultar con comunidades directamente afectadas por el proyecto… asegurándose de que sus derechos son respetados.”

“Las minas proveedoras de “Love, Earth” no han recibido este consentimiento”, dice Julie Cavanagh-Bill, consejera legal para el Western Shoshone Defense Project, “y esto es bien conocido y documentado,” añade.

Entrada al antiguo lugar de trabajo de José y Mamani. Adentro, el taller no es productivo, solo quedan algunas mesas y sillas.
Noah Friedman-Rudovsky
Entrada al antiguo lugar de trabajo de José y Mamani. Adentro, el taller no es productivo, solo quedan algunas mesas y sillas.
La entrada a la fabrica Aurafin no tiene ninguna señal indicando que es una de las fabricas mas grande de Bolivia.
Noah Friedman-Rudovsky
La entrada a la fabrica Aurafin no tiene ninguna señal indicando que es una de las fabricas mas grande de Bolivia.

Cavanagh-Bill y su esposo Larson viven en una casa ubicada en las montañas Ruby, a pocas decenas de kilómetros del punto de operaciones de Carlin Trend, de Newmont. Bill y sus ancestros nativos han estado en esta tierra desde antes de que fuese conocida como Nevada.

Larson, un vaquero de botas con dos nietos, todavía recuerda lo que sintió al ver los carteles de “Love, Earth” enumerando las minas alrededor de su tierra como lugares de producción responsable. Hombre sencillo y de risa fácil, Bill recuerda su enojo: “me dije a mí mismo: Esto es verde?”



La entrada a la fábrica Exportadores Bolivianos, de Aurafin, está encubierta en un callejón sin salida que queda perpendicular a las pendientes escalonadas de la ciudad andina de La Paz. No hay ninguna señal, ni nada que indique su existencia como una de las fábricas más grandes de la zona alta de Bolivia. El área de recepción está dispuesto con un sistema de seguridad mayor al de una mayoría de los aeropuertos bolivianos. Allí, a la derecha, en un enorme afiche en español se lee: “Walmart Inc, Normas Para Proveedores.”

Tras un corto tramo de gradas, se encuentra el santuario de trabajo de Eduardo Bracamonte, el gerente general de la fábrica de Aurafin, quien concedió esta entrevista en agosto de 2008. Sobrio y seguro de sí mismo, Bracamonte fue enrolado en 1993 por Aurafin para iniciar operaciones en Bolivia. La fábrica vio un crecimiento de entre 25 y 30% en esos tempranos años, debido en parte a los grandes compradores, Walmart y Kmart. “He estado en Bentonville y, de verdad, ellos están muy contentos con nuestro trabajo,” señala Bracamonte con una sonrisa impecable.

En la planta baja, bajo el resplandor de luces fluorescentes, 680 trabajadores faenan laboriosamente las joyas. En dos mesas largas, un grupo de unas 40 personas fijan la vista a través de lentes de amplificación, que semejan los lentes robóticos de tres dimensiones, mientras trenzan cadenas de oro. “Cómo va?” pregunta Bracamonte, inclinando su cabeza entre un grupo de trabajadores entrenados debajo de su oficina. “Se ve bien!” dice a otro grupo de pulidores mientras palmea los hombros de unos cuantos obreros. “Ah, eso es,” dice con una amplia sonrisa al tiempo que señala a la mesa de pulido. “Love, Earth”, confirma.

Bracamonte recuerda haber sido enfocado para la innovadora línea. La fábrica de Aurafin ya había sido proveedora de Walmart por diez años, así que cuando la central decidió asociarse con ésta para la nueva iniciativa, la instalación boliviana entró como parte del acuerdo. De acuerdo a Bracamonte, no llegaron inspectores ni tampoco hubo un repaso especializado. Recuerda, sí, que “hubo un montón de formularios que llenar.”

Concluidos esos papeles, comenzó la producción de “Love, Earth”, al lado de la producción normal de Aurafin. “Todo esto es mi producción usual,” dice el gerente señalando los cientos de piezas que se ubican a centímetros de la “producción responsable.” Explica que es temporada alta y que en adición a la orden de “Love, Earth”, la fábrica viene alistando un envío de 237.000 piezas. Señala que se encuentra ligeramente atrasado, por lo que los trabajadores tendrán que trabajar horas extras. “Eso es voluntario,” se apresura a señalar este empresario que gusta de llevar a sus niños a Disneyworld, “pero nunca hemos tenido problemas con gente que se quede a trabajar horas extras porque ellos quieren ganar más, y además mi personal está del todo comprometido en terminar el envío y con la mayor calidad”, recalca.

Sin embargo, esta es sólo una de las inconsistencias entre la representación de Aurafin sobre la calidad de la manufactura de “Love, Earth”, y el testimonio de trabajadores y documentos revelados en Bolivia.

New Times

reveló documentos confidenciales que muestran nóminas de pago de la fábrica de Aurafin, donde claramente se ve que los trabajadores están bastante lejos de que lo que se consideraría productos “responsablemente provistos.” Los salarios de base de los trabajadores el año 2008, estaban apenas unos centavos por encima del salario mínimo, por entonces de alrededor de 85 dólares mensuales. De acuerdo a un reporte del Departamento de Estado de EEUU, “este salario mínimo no provee de un nivel decente de vida para un trabajador y su familia.”
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