El asesinato del soldado Louis Maxwell, Primera Parte

Héroe olvidado: El asesinato de Jay Maxwell pone en duda la estrategia Americana en Afganistán.

Los domingos por las mananas, Chipman, quien vivia a una cuadra de Jay, oía la trompeta de su estudiante estrella en su cocina mientras él preparaba su desayuno. "En los ensayos, yo preguntaba quien había practicado durante el fin de semana. Algunos chicos levantaban sus manos, y después yo decía, 'Yo se que uno de ustedes lo hizo porque yo mismo lo escuché,'" recuerda Chipman, quién ahora es profesor en la Florida Agricultural and Mechanical University en Tallahassee. "El tenía una tenacidad que lo hacía muy único. No se dejaba dar por vencido"

Pero la música no fue suficiente.

Su apetito por la aventura y un deseo inato en ayudar a sus compañeros, inspiró una fascinación con el mundo militar. Desde su adolecencia, entrenó con Lutalo Muhammad, quién se hizo su mentor después de casarse con Aijalon en el 2002. Algunas veces, practicaban disparo al blanco en Broward. Y otras veces corrían juntos, haciendo otros ejercicios intensos de calistenia en el parque Amelia Earhart de Hialeah.

Jay Maxwell was a star in the 265-strong Central High marching band.
Jay Maxwell was a star in the 265-strong Central High marching band.

"Era una competencia," dice Florida Ray, la madrina de Aijalon. "Corrían de arriba a abajo una y otra vez, y después hacían 25 planchas. No paraban hasta que uno se diera por vencido."

A los 17, Jay visito un reclutador de la Marina Americana, quién le dijo que necesitaba el permiso de su madre si quería apuntarse. Esta no estaba segura, en diciembre de último año secundario, después de muchas suplicaciones, Sandra finalmente lo dejó apuntarse a la Marina. Aunque su talento musical le gano una veca a FAMU, empezo su entrenamiento militario después de cumplir los 18 y graduarse.

Nadie en su familia quiere discutir los seis años que Jay pasó en la Marina, ni tampoco hicieron publico su historial militar.

Pero a pesar de los reporters de otros periódicos, nunca fue un Navy Seal. A su vez, si pasó tiempo en Bahréin y la estación naval de San Diego. También tomó parte en las invasiones de Iraq y Afganistán. "Hay cosas que no le hemos contado a nuestros padres," Aijalon dice. "Hay cosas que no te puedo ni contar a tí."

En 2006, Jay se retiró de la Marina y regresó brevemente a Miami. No se ajustó comodamente a la vida civil. Tenía un hijo que nació cuando Jay tenia 19 años que se parecía mucho a su padre con un su cabeza rapada y sonrisa brillante. Aunque se había separado de la madre del niño y estaba noviado con una chica de Alabama llamada Angel, las familias se mantuvieron unidas.

A principios del 2008, Angel quedó embarazada, y Jay empezó a tramar la compra de una casa. No se lo dijo a la madre, quién estaba al retirarse como directora asistente de la escuela Richmond Heights Middle School. "Iba a ser una sorpresa," Aijalon explica. "El iba a decirle, 'Mira lo que tengo a mi nombre. Mamá, quiero que tu la decores."

Jay trabajó brevemente como entrenador personal, pero la aventura, con su voz irresistible de sirena, lo llamó una vez más. El apuesto, fuerte Florideño seguió en los pasos de su mentor y cuñado, Lutalo, a las fuerzas de seguridad de las Naciones Unidas. El dinero, excelente, lo impulsaría hacia una nueva vida.

Después de un breve entrenamiento, despachó a Beirut, donde, según su hermana, protegió de ataques suicidas al tribunal que investigaba el asesinato del politico libanés Rafik Hariri. Fue su primera tarea, y le dió una prueba de intriga internacional.

Entonces en un día cualquiera del 2009, recibió ordenes de empacar para viajar a Kabul. Era un par de meses antes de las elecciones criticas que determinarián la relación del país con los Estados Unidos y el resto del mundo musulmán. Su trabajo sería cuidar a los monitores de las elecciones. Sería la última misión de su vida.

Próximo capítulo: Los Afganos asesinan a Louis Maxwell.

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