Dilema de ADN

Hace ocho años, alquien mató a Al Sicherer. Sigue la busqueda de su asesino.

"Los medios lo condenaron sin evidencia," dijo el capitán de la policía de Aventura, Skip Washa. "Tuvimos que empezar de nuevo."

 No pasó mucho en los próximos años. Beverly trató de olvidar. En el 2002, la policía investigaba si un hombre de 26 años que había estrangulado un hombre mayor en Pompano Beach podría ser el asesino.

Unos años después pasó algo dramático. El laboratorio de crimen del condado de Dade recibió esta información: La policía habia detenido un hombre de 34 años que había trabajado con Al. Sus huellas dactilares fueron las mismas que los detectives habían descubierto en el refrigerador de Al y en su Lincoln Mark VIII. "Cuando usted consigue una impresión dactilar latente como ésa," dice Washa, "está feliz."

Lo llevaron a la estación. Lo entrevistaron y le sacaron una muestra del ADN. Él admitió que habia ido al apartamento de Al poco antes del asesinato. Y sí, comío un bocado. Pero el hombre se fue después de que el Al le pidiera que limpiara su apartamento en ropa interior. Eso era demasiado extraño, le dijo el sospechoso a la policia.

Los investigadores interrogaron al hombre desde las 16:10 hasta las 21:10. El tuvo una buena coartada, y otros la confirmaron. Y su ADN era diferente al que la policía encontró en el apartamento.

Después, los detectives de Aventura trataron de hacer algo nuevo. Pusieron el vídeo que mostraba al asesino en YouTube. (Está disponible en miaminewtimes.com.) Aunque miles lo vieron, nadie ayudó.

En mayo de 2006, el laboratorio de crimen del condado llamó a los detectives con más información. El ADN de un preso de Michigan era parecido al del asesino - quizás un hemanastro, dijeron. Cumbie llamó a las atoridades de Michigan y les pidió hablar con el, pero no contestaron. Pronto el Procurador General de Michigan tomó una decisión: no pudo dar la identificación del preso por las reglas del FBI.

Los detectives no dejaron de investigar. El 30 de noviembre de 2006, se reunieron con el fiscal federal en Miami, Alexander Acosta. "Le dijimos que solo queríamos hablar con el individuo," Cumbie comentó. "Él dijo que él entendía. Él intentaría." Nada pasó.

Los detectives de Aventura no lo sabian, pero estaban involucrados en un debate nacional sobre búsquedas familiares de ADN. Por años, el FBI acumuló el ADN de criminales para una base de datos nacional llamado CODIS. Pero para proteger la población, los datos fueron guardados de forma anónima. El FBI permitió la distribución de los nombres de la gente si las muestras de ADN eran absolutamente iguales. Pero si la compatibilidad no era perfecta, como en el caso del Al, la agencia les prohibía a los estados compartir la información.

Pero el fiscal de Denver, Mitch Morrissey, estaba luchando contra esa regla, que nunca fue codificada en ley. Su oficina había recibido información semejante a la de Aventura en tres casos de violación. Encontraron sospechosos con ADN parecido - pero no idéntico – primero en California en 2005 y entonces en Oregon y Arizona. "Tuvimos tres violaciones violentas, y buscábamos más información," Morrissey explicó. "Comenzamos a tratar de cambiar la opinión del FBI. Esta clase de búsqueda es una posibilidad muy remota en la mayoria de los casos, pero vale la pena hacerla."

El Procurador General de California Jerry Brown hizo el primer cambio. En mayo de 2008, después de considerar la petición de Morrissey y otros, estableció un protocolo para buscar la base de datos del ADN del estado, el tercero del mundo - para las búsquedas familiares en casos fríos. Al mismo tiempo, un comité del FBI dio a los estados el poder de compartir informacion sobre búsquedas familiares. Pero el FBI dejó la decisión final a cada estado. Aquí es donde se presentó el problema del caso de Al.

Ahora, mucha gente cree que los estados deberían compartir la información. Hasta ahora, Colorado, California, Oregon, y Arizona, están listos a ayudar a otros estados. La Florida está preparando sus propias reglas, dice David Coffman, jefe del CODIS del Departamento de la Policía de la Florida. 

Pero el caso de Al está parado por la política de Michigan. Coffman advierte que un segundo examen sería necesario para determinar si el preso es el medio hermano del asesino. "Siempre hemos compartido la información en nuestro estado," Coffman dice. "La pregunta está entre los estados."

El profesor de Tufts University Sheldon Krimsky, que está escribiendo un libro sobre ADN, reconoce el problema de Michigan. Demasiada distribución de esta clase de información podría permitir que el gobierno o la industria persigan a gente inocente. La "policía tiene derecho de hablar con la gente," él dice. "La pregunta es si ellos tienen derecho de hacer vigilancia genética. Es una cuestion para las cortes."

Mientras que estas preguntas se consideran en Washington, Tallahassee, y Lansing, el Detective Cumbie sigue investigando. Él recién convenció a la oficina del Procurador General de Florida, Bill McCollum, a mandar una carta a Michigan. "Quizás están protegiendo a este individuo porque él les ayuda con otros casos," Cumbie explicó.

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